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Ingemmet recomienda puesta en valor de drenes incaicos

El problema fundamental que enfrenta la ciudadela incaica de Machu Picchu, ubicada en el surandino departamento de Cusco, es la infiltración de agua de las lluvias en la zona donde se levanta, advirtió hoy el Instituto Geológico, Minero y Metalúrgico (Ingemmet).

Según estudios realizados por la institución, durante la ocupación inca los andenes y las construcciones eran protegidos de las intensas precipitaciones mediante canaletas y drenes que evacuaban las aguas a zonas adecuadas.

Actualmente, sin embargo, la falta de techos en las construcciones y la no preservación o funcionamiento de muchos de los drenes hace que las aguas penetren al suelo y que este pierda capacidad de resistencia y se produzcan asentamientos como en el templo principal, templo de las tres ventanas y el torreón.

Esto trae como consecuencia el desequilibrio y las separaciones de “juntas” (separaciones entre piedra y piedra labrada).

Víctor Carlotto, director de Geología Regional del Ingemmet, recomendó la puesta en valor de los drenes incaicos existentes y que no funcionan porque se hallan enterrados o fueron destruidos durante la restauración de la ciudad.

Esto en un contexto articulado con presencia de pisos impermeables que reemplacen la falta de techos en las construcciones, añadió.

“Los técnicos del otrora Instituto Nacional de Cultura (INC) de Cusco conocen la técnica de pisos impermeables y la aplican con éxito desde hace varios años, pero falta la integración al sistema de drenaje inca que debe ser restaurado en su totalidad”, agregó.

Los trabajos de investigación del Ingemmet concluyen en que los fenómenos que afectan a la ciudad incaica son los de geodinámica externa, es decir, los vinculados al agua y la gravedad.

En Machu Picchu se han reconocido asentamientos diferenciales y deslizamientos superficiales y pequeños.

Los asentamientos son originados por sobrecarga de las estructuras edificadas en los suelos saturados por el agua, por ejemplo en el templo principal.

Los deslizamientos son movimientos en masa, pendiente abajo, de las formaciones del suelo por efecto del agua que los incas estabilizaron con obras de ingeniería.

Se ha identificado un punto de alto peligro en una plataforma y muro en el Intihuatana que puede colapsar, debido al peso ocasionado por la presencia masiva de turistas, refirió Carlotto.

La plataforma está sostenida sobre un muro con signos de deformación e infiltraciones de agua y se halla en una ladera casi vertical con desnivel de casi 30 metros.

Hace algunos años en esta plataforma se colocaban cordones de seguridad para que los turistas no se acerquen al borde del muro, pero ya no existen.

Allí se recomienda la impermeabilización eficiente del piso para evitar la infiltración, restaurar el muro y poner los cordones de seguridad.

Por otro lado, Ingemmet consideró posible una mayor afluencia de turistas al establecido por el Plan Maestro de 2005 o la recomendación de Unesco (2,500), pero advirtió que se requiere orden, turnos y tiempos de visita.

“Pensamos que guardando los márgenes puede haber hasta cuatro turnos de visitas de 2.30 a 3 horas por turno”, dijo Carlotto.

El primer ingreso podría ser de 06:00 a 09:00 horas para turistas que duermen en el distrito de Machu Picchu y hoteles cercanos; de 09:00 a 12:00 horas para los que llegan en los primeros trenes procedentes de Ollantaytambo y Cusco.

Además, de 12:00 a 15:00 horas para los turistas que llegan en el tren local y otros trenes; y de 15:00 a 18:00 horas para los que se quedan a dormir en el distrito de Machu Picchu y parten a Cusco al día siguiente.

El especialista precisó que el planteamiento es recibir la visita de cantidades menores a 1,000 turistas por turno, de acuerdo a estudios que sean consensuados por los especialistas.

Andina

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